Control Público

de la Actividad de Inteligencia:

Europa y América Latina, una visión comparativa

       

 

 

José Manuel Ugarte.

Buenos Aires, noviembre  de 2002

(Presentado en el Congreso Internacional: “Post-Globalización:Redefinición de la Seguridad y la Defensa Regional en el Cono Sur,Centro de Estudios Internacionales para el Desarrollo, Buenos Aires, 2002).


 

 

Los requerimientos de las agencias de inteligencia y las  normas

de una sociedad abierta representan el más notable de los

dilemas aparentes de un gobierno democrático. Las agencias

 de inteligencia, por su naturaleza, funcionan en secreto sin

 estar sujetas a las reglas normales del Estado. Una sociedad

abierta, por otra parte, aborrece el secreto e insiste en que todas

las agencias gubernamentales sean plenamente responsables ante

la ley.

La necesidad de un adecuado balance entre esos aspectos  se deriva

fundamentalmente del hecho de que la falla en controlar adecuadamente

a las agencias de inteligencia puede tener consecuencias mucho

más catastróficas para una nación que la mayor parte de otras fallas

en las políticas. Morton H. Halperin[1]

 

El cuestionamiento directo y el examen cuidadoso de los dilemas éticos

de la inteligencia son esenciales para la ejecución de las políticas públicas

 en una democracia.

 Paul Gordon Lauren..[2]

 

 

 

 

1.               Del control de la actividad de inteligencia.

 

1.1.          Introducción.

 

En el presente trabajo efectuaremos un análisis comparativo del control público de la actividad de inteligencia en los países europeos y latinoamericanos.

 

Ello, no sin efectuar un breve examen de los fundamentos, naturaleza, alcances y medios del control de la actividad de inteligencia.

 

Recordemos inicialmente que controlar es, conforme al diccionario de la Lengua, comprobar, verificar, inspeccionar, y que en definitiva, el control (o función fiscalizadora) tiende a asegurar que el o los órganos controlados, obren con sujeción a las leyes y según la efectiva conveniencia en relación a un concreto interés público. Esta finalidad del control, es plenamente aplicable al control de la actividad de inteligencia.

 

¿Cuáles son los aspectos fundamentales del control de la actividad de inteligencia? La respuesta a este interrogante supone contestar otros: –qué habrá de ser controlado, por qué y para qué es necesario controlar esta actividad, para qué o con qué finalidad se ejercitará el control, cómo y con qué medios dicho control habrá de tener lugar,  cuáles son los objetivos del control.

 

Plantear las cuestiones relativas del control supone partir de una base: la convicción acerca de la importancia de la actividad de inteligencia, de su necesidad para todo Estado moderno.

 

También implica tomar conciencia de la existencia de determinadas características de esta actividad opuestas a aspectos fundamentales del sistema republicano y democrático, como la publicidad de los actos de gobierno; y lograr que tales características no sean perjudiciales para el fortalecimiento de dicho sistema, garantizando a los ciudadanos que el desenvolvimiento de esta actividad no será perjudicial para el sistema, ni para las libertades públicas; obteniendo por otra parte que también para esta actividad rijan plenamente los principios de economía, eficiencia y eficacia requeridos para la actividad estatal en su conjunto.

 

Es necesario, consiguientemente, reconocer tanto la importancia de la actividad de inteligencia en un Estado democrático, como el riesgo objetivo que esta actividad supone para tal Estado. "Esto significa aceptar la necesidad de una comunidad de inteligencia y eficaz y reconocer la legitimidad de la preocupación relativa a que no sea permitido funcionar a esa comunidad de inteligencia en formas que impliquen socavar las libertades civiles", ha escrito Morton H. Halperin.[3]

 

Comparando el control público de la actividad de inteligencia en Latinoamérica y en Europa, debemos tener en cuenta que aunque la sanción de leyes y creación de estructuras especializadas para el ejercicio de dicho control es, en realidad, relativamente reciente en ambas partes del mundo[4] es necesario tener presente que en Europa, ya cuerpos normativos como la Ley n° 801 del 24 de Octubre de 1977, sobre Institución y Ordenamiento de los servicios para la información y la seguridad, y la disciplina del secreto de Estado de la República Italiana, y la Ley del Control Parlamentario sobre las Actividades del Servicio Secreto del Estado Federal del 11 de abril de 1978  de la República Federal de Alemania, habían establecido el control parlamentario en sus respectivos países.

 

En Latinoamérica, para encontrar una forma de control externo de la actividad de inteligencia debemos remontarnos a la Ley N° 24.059 de Seguridad Interior que creó en la Argentina la Comisión Bicameral de Fiscalización de los Órganos y Actividades de Seguridad Interior e Inteligencia, sancionada en 1992. También debe recordarse que a la sazón, en la Argentina, aún la legislación relativa a la actividad de inteligencia –incluyendo la de creación y competencias del organismo civil fundamental de inteligencia, a la sazón la Secretaría de Inteligencia de Estado –era de carácter secreto.

 

Para hallar un cuerpo normativo de carácter público[5] que estableciera al organismo civil fundamental de inteligencia y estableciera además formas de control público por organismos específicos, tanto del órgano ejecutivo como del Parlamento, debemos aguardar a la sanción en la República Federativa de Brasil de la Ley N° 9883, que instituyó el Sistema Brasileño de Inteligencia y creó la Agencia Brasileña de Inteligencia –ABIN-, el 7 de diciembre de 1999.

 

Mientras en Latinoamérica aún son pocos los países que cuentan con una legislación específica en materia de inteligencia que establezcan mecanismos de control, hoy Europa en general, incluyendo países otrora integrantes del campo comunista, –sin olvidar, como excepción notoria a Francia, que no obstante está avanzando en ese terreno- cuenta con legislación y sólidos mecanismos de control en la materia.

 

Tampoco es posible negar que en apreciable medida, las estructuras de inteligencia latinoamericanas presentas características que representan especiales dificultades para el control.

 

En comparación con las vigentes en los países europeos, las estructuras de inteligencia latinoamericanas se caracterizan en general a diferencia de las primeras, por la amplitud y escasa precisión en la determinación de las competencias, particularmente en el interior del propio país; por la ausencia de diferenciación en materia de competencias, entre el interior y el exterior del propio país, y entre ciudadanos del propio país y extranjeros, y, en diversos países de la región, por la concentración de las funciones de inteligencia interior, exterior y contrainteligencia en un único organismo dependiente directamente del máximo nivel del Estado.

 

No  obstante, no es posible ignorar la existencia de una fuerte tendencia en Latinoamérica hacia la institucionalización, legitimación, perfeccionamiento, profesionalización y control en materia de inteligencia, bien que aún los logros en estos aspectos no aparezcan como suficientes.

 

    1.2.      ¿Qué debemos controlar?

 

En primer lugar, analizaremos brevemente la naturaleza de la actividad que habrá de constituir objeto de control..

 

Se denomina inteligencia a un producto, que es conocimiento, información elaborada. También, a una actividad o función estatal. Asimismo, a una organización, que suele constituir un conjunto de organizaciones.

 

Esto fue siempre así, tanto en la literatura académica sobre inteligencia, como en la práctica. La obra clásica de Sherman Kent[6] encabeza las partes en que se divide señalando que “La información es conocimiento”, “La información es organización”, y que “La información es actividad”.

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Inteligencia es lo que define  Jeffrey Richelson[7] como "el producto resultante de la recolección, evaluación, análisis, integración e interpretación de toda la información disponible concerniente a uno o más aspectos de naciones extranjeras o áreas de operación que son inmediatamente o potencialmente significativas para el planeamiento" (si bien el referido autor expresa posteriormente que "...otras actividades ‑contrain­teligencia y acción encubierta‑ están interligadas con la actividad de inteligencia...") o, con un carácter más amplio, lo descripto por Roy Godson [8]señalando como elementos integrantes de la noción de inteligencia, la recolección de información, el análisis, la contrainteligencia, y la acción encubierta‑.

 

En los comienzos de la literatura académica sobre inteligencia, Sherman Kent[9] expresaba que "...Inteligencia, tal como yo la describo, es el conocimiento que nuestros hombres, civiles y militares, que ocupan cargos elevados, deben poseer para salvaguardar el bienestar nacional..."  Para Abraham N. Shulsky, "...el término "inteligencia" ...incluye ciertos tipos de información, actividades y organizaciones. La inteligencia se refiere a información relevante para la formulación y la implementación de políticas para alcanzar sus intereses de seguridad nacional y para tratar con amenazas a esos intereses de adversarios actuales o potenciales...como una actividad, la inteligencia comprende la colección y análisis de información de inteligencia...también incluye actividades adoptadas para contrarrestar las actividades de inteligencia de adversarios...Finalmente, el término 'inteligencia' se refiere también a las organizaciones que ejercen tales actividades..." [10]

 

Mark M. Lowenthal[11] señala sobre el punto que La mayoría de la gente tiende a pensar en la inteligencia en términos de información militar –movimientos de tropas, capacidades de armamento, planes para ataque por sorpresa. Este es un componente importante de la inteligencia –coherente con la primera razón para tener agencias de inteligencia, que es evitar un ataque por sorpresa- pero no es el tipo exclusivo. Inteligencia política, inteligencia económica, inteligencia social, inteligencia ambiental, e inteligencia cultural son todos importantes inputs para el análisis. Los formuladores de la política y los funcionarios de la inteligencia deben pensar también más allá de inteligencia externa. Ellos deben considerar actividades de inteligencia enfocadas en amenazas contra la seguridad interna, tales como subversión, espionaje, y terrorismo.

 

Más allá de las amenazas contra la seguridad interna arriba mencionadas, la inteligencia interior, por lo menos en los Estados Unidos y democracias similares, es un asunto policial. Este hecho diferencia la práctica de la inteligencia en las democracias occidentales de la vigente en estados totalitarios. La KGB, por ejemplo, cumplió una función crucial de policía secreta interna que la CIA no cumplió. Así, en muchos aspectos, las dos agencias no fueron comparables...

 

            También resulta de importancia señalar la importancia de los cambios producidos en los últimos años, tanto en el sistema internacional, como en la tecnología de la información.

 

En tal sentido, Bruce Berkowicz y Allan E. Goodman[12] han señalado la importancia de tales cambios tanto en materia de tecnología de la información como en el modo en que la gente usa la información, señalado que a su juicio, la Revolución de la Información puede ser el  factor individualmente considerado más importante entre los que hoy inciden en la inteligencia; destacando también el surgimiento de las amenazas post-guerra fría, como conflictos étnico-religiosos, conflictos económicos, resurgimiento de competitividad geopolítica entre diversos Estados con poder aproximadamente equivalente –agregaríamos, por nuestra parte, los conflictos locales- el surgimiento de nuevos actores, tales como organizaciones no gubernamentales, actores no estatales, etc.

 

 Los aludidos autores, agudamente, destacan la facilidad con que grupos no estatales pueden organizarse eficazmente para atacar a Estados, utilizando, entre otros aspectos, la facilidad y la economía con que la tecnología de la información se encuentra hoy a disposición de tales grupos.